Construcción sostenible – Casas de cartón

El colectivo holandés Fiction Factory ofrece viviendas asequibles y sostenibles elaboradas de manera totalmente artesanal que pueden llegar a resistir más de 100 años

La construcción es extraordinariamente ligera, puede pesar unos 6.000 kilos

A priori, no parece el material más fiable para construir una vivienda. De hecho, lo asociamos más bien a las infraviviendas en las que se ven obligadas a vivir muchas personas por falta de recursos. Pero sus creadores afirman que la Wikkelhouse, una bonita casa prefabricada hecha a base de capas de cartón, puede resistir durante 100 años si recibe el mantenimiento adecuado.

Así que, además de proporcionar un hogar asequible y sostenible a muchas personas, esta novedosa iniciativa podría convertirse tal vez en el futuro en una nueva manera de reciclar una parte las enormes cantidades de cartón que se consumen en nuestras sociedades.Los autores de la idea, el colectivo holandés Fiction Factory, que se dedicaba desde 1999 al diseño de interiores y de mobiliario, se inspiraron en el modelo de un tipo de cajas de cartón para contener frutas y verduras, en el que cada nueva capa incremente enormemente la resistencia del conjunto. Tras cuatro años de desarrollo del proyecto, éste es ya una realidad que está generando una creciente demanda.

La producción se limita a 12 unidades al año, y hay una considerable lista de espera

Sus creadores definen la Wikkelhouse como “una estructura de sándwich increíblemente robusta“. Envolviendo con 24 capas de cartón corrugado estándar de fibra virgen procedente de árboles de origen escandinavo un molde con la forma de la casa se fabrica cada uno de los segmentos que, encajados uno detrás de otro, darán forma a la vivienda, que de esta manera puede tener las dimensiones que se deseen. De ahí viene su nombre, porque el verbo wikkel significa envolver en holandés.

Cada segmento modular aporta al conjunto una superficie de cinco metros cuadrados. Tiene 4,5 metros de ancho, 1,2 metros de profundidad y 3,5 metros de alto, mientras que su peso es de apenas 500 kilos. Ello permite que la vivienda resultante resulte extraordinariamente ligera: una casa media totalmente equipada ─puede incorporar cocina, lavabo y ducha─ puede pesar alrededor de 6.000 kilos, lo que permite instalarla sin problemas en la azotea de un edificio.

Para que pueda resistir la acción de los elementos, cada segmento de cartón se cubre con una lámina impermeable, pero transpirable, de papel de aluminio, y con paneles de madera que le dan el acabado exterior. En los extremos de la sucesión de segmentos modulares se colocan las fachadas, que pueden ser cerradas, transparentes o una combinación de ambas posibilidades.

Las casas se construyen de manera totalmente artesanal en los talleres de Fiction Factory en Ámsterdam. Aunque se trata de un modelo estandarizado, el cliente puede incorporar sus sugerencias en forma de ventanas extra, color o diseño interior. De momento, la producción se limita a 12 unidades al año, lo que ha hecho alargarse ya una considerable lista de espera. “La paciencia es una virtud”, recuerdan irónicamente sus fabricantes, que por ahora sólo la distribuyen en los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Francia, Reino Unido y Dinamarca.

Arquitectura de papel

Pero ¿qué ventajas tiene construir una vivienda con cartón? Una de ellas es su resistencia: los productores garantizan una duración mínima de 50 años, aunque insisten en que, con el tratamiento adecuado, la casa está diseñada para aguantar 100. “El cartón, después de todo, es simplemente otra forma de madera, y los edificios de madera duran muchas décadas cuando están bien conservados”, argumenta Monique Wijnands, de Fiction Factory.

Además, la forma en que se construyen los módulos, sin tornillos, clavos ni articulaciones, los hace tan fuertes como resistentes, porque la estructura carece de puntos débiles. Su fuerza es su flexibilidad, y el cartón, por otro lado, proporciona a la construcción unas destacadas prestaciones aislantes y acústicas.

Otra ventaja es el precio. Una casa de tres módulos sale por unos 25.000 euros, tarifa que no incluye el transporte y el montaje de la misma sobre el terreno, que se puede llevar a cabo en un día. La Wikkelhouse no requiere de cimientos: se instala sobre un chasis formado por dos losas de hormigón y varios troncos de madera y pese a su escaso peso resiste perfectamente el impacto de fuertes vientos, asegura el estudio holandés.

Una vivienda de tres módulos cuesta 25.000 euros, sin el transporte ni el montaje

Y también está su sostenibilidad. Las capas de cartón se unen mediante un pegamento no contaminante, respetuoso con el medio ambiente. La madera utilizada para confeccionar la materia prima se repone en plantaciones de árboles certificadas como sustentables. Y el cartón es 100% reciclable, y lo es de forma indefinida, puede tener un ciclo de vida útil casi eterno. Un informe externo encargado por Fiction Factory asegura que la Wikkelhouse en tres veces más sostenible que cualquier tipo de casa tradicional.

El uso del cartón como principal material de construcción no es sin embargo nuevo. En la década de 1940, Buckminster Fuller experimentó ya con la idea de utilizar cartón ondulado en lugar de los materiales tradicionales, porque resultaba de bajo coste, fuerte y resistente, ambientalmente sostenible y reciclable. Fuller desarrolló varios prototipos de casas de cartón en 1944, pero abandonó esta línea de trabajo porque resultaban muy vulnerables al fuego y al agua.

Siguiendo su ejemplo, algunos otros arquitectos también hicieron pruebas con cartón corrugado durante la siguiente década, pero finalmente se impusieron como alternativa materiales como el plástico laminado denominado Formica.

En 1986, el japonés Shigeru Ban comenzó a experimentar con el cartón aportando interesantes novedades. En 1994, Ban perfeccionó una técnica de uso de tubos de cartón simples y lonas de plástico para crear refugios de emergencia para los refugiados de Ruanda, y posteriormente continuó desarrollando este modelo en viviendas en Turquía e India.

Con el tiempo, su llamada arquitectura de papel se perfeccionó hasta el punto de que fue capaz de erigir estructuras más grandes y permanentes, tales como una escuela de papel en China, una sala de conciertos de cartón en Italia (fue un regalo de Japón a la ciudad de L’Aquila tras el trágico terremoto de 2009), e incluso una catedral de cartón en Nueva Zelanda, inaugurada en agosto de 2013, entre muchas otras.